Malta 0-2 España
Había un Bonello
en la portería, el sinónimo de la felicidad de aquella noche de
chalados en la que España montó en 1983 una fiesta de la espuma en el área de
Malta. El apellido no bastó para construir un recordatorio digno hacia aquellos
goleadores con pantalón de cuello vuelto. España ganó porque en Malta no se
puede hacer otra cosa.
Ya
no hay jugadores con las medias bajadas, ya no se utilizan tres delanteros
centro, el césped ya no tiene chepas, ya no hay furia desmedida, ahora es todo
más de academia. España fue tan correcta como aburrida. Sin
Santillana, Rincón, Sarabia y Carrasco, el gol fue cosa de Morata, en un combate
eterno con las ocasiones. El ariete empaquetó tres puntos.
La selección comenzó
la invasión en cuanto terminó de sonar el himno. Estaba en el programa que se
iba a disputar un encuentro de balonmano, con un equipo alineado en la frontal
a la espera de que el otro bando recorriera el campo de lado a lado. Se sabía
cómo iba a jugar Malta. Se esperaba la respuesta de España, desigual en el
partido. Se animó cuando entró Jesús Navas, un activista
en la banda derecha, que ha puesto medio millón de buenos centros en su
carrera. En uno de ellos, para estudiar en una escuela, regaló el segundo gol a
Morata.
Este partido se lleva
jugando 50 años y siempre es igual. Malta, en la gatera del fútbol desde el
siglo pasado, aparece en las fases previas de la UEFA porque el tinglado es
así. No hay nada destacable en sus jugadores aparte de la
dignidad y el sudor. Ante una selección muy superior sólo cabe esperar que
llegue la tristeza. Malta lo retrasó todo lo que pudo.
Con este paisaje se
invitaba a una alineación de sorpresas. Luis Enrique, ausente por motivos
familiares, nunca ha sido de términos medios y optó por la revolución con ocho
cambios. De la foto de Mestalla conservó a Sergio Ramos, Asensio
y Morata. El capitán observa cómo a su lado se va probando media Liga. Le tocó
el turno a Mario Hermoso, solvente y preciso en el pase. Si algo le sobra es
técnica.
En el ataque se otorgó
un barril de confianza a Asensio y Morata, dos jugadores que necesitan
detergente en la cabeza para olvidar los meses turbulentos que han pasado.
El zurdo conectó bien
con las musas en las primeras jugadas. El delantero, en la lupa de todas las
cenas, fue el encargado de abrir el acta tras controlar un envío largo de Mario Hermoso. Su remate encontró un socio en
Bonello, tal vez un guiño hacia la noche alocada del Villamarín.
Las digestiones en esos partidos son complicadas. Lo notaron
muchas de las incorporaciones. A Canales le
costó engarzar con la delantera. A Bernat se le hizo bola la
pared con Gayà. Saúl se atascó en el corazón del área, un territorio donde da
dividendos. En la portería Kepa entró por De Gea sin mancharse el traje. El
portero del United por el del Chelsea, quién lo iba a decir.
Se escurría el partido en
Malta sin más sobresaltos. Sergi Roberto daba buenos servicios sobre el área y
ahí aparecía Bonello para detener la hemorragia. Apareció Jesús Navas para homenajear a los
grandes centradores, uno de los clásicos que quedan de la noche mágica de
Sudáfrica. Rodrigo entró por Morata, que se marchó sin ovaciones.
El nieto de Bonello podrá
esperar a España dentro de veinte
años. Del 12-1 al 0-2. En la noche maltesa faltó pasión, faltó
el gallo de José Ángel de la Casa.
Malta: Henry Bonello; Mbong (Muscat, 65'), Rowen Muscat, Caruana
(Micallef, 85'), Steve Borg, Zerafa; Guillaumier, Paul Fenech, Mintoff (Mifsud,
70'), Corbolan; y Kyrian Nwoko.
España: Kepa; Sergi Roberto,
Mario Hermoso, Sergio Ramos, Gayá; Rodri, Saúl (Jesús Navas, 65'), Canales;
Marco Asensio, Bernat (Muniain, 56') y Morata (Rodrigo, 79').
Goles: 0-1, 31' Morata; 0-2,
73' Morata.
Árbitro: Andrew Dallas (Colegiado
escocés). Amonestó a Corbolan (72').
Incidencias: Partido correspondiente
a la segunda jornada de la fase de clasificación a la Eurocopa 2020, disputado
en el estadio Nacional Ta'Qali (Malta) ante unos 18.000 espectadores
Victoria de España en Malta
que le sitúa líder de su grupo. El delantero de Tres Cantos, Jaime Mata, estuvo convocado en el
banquillo pero, ésta vez, no tuvo la fortuna de saltar al terreno de juego.